La delgada línea... - bysoniconp
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La delgada línea…

… que separa la acción promocional del bombardeo casi “spameador”.

O por qué hay que tener cuidado cuando se emprende una acción con bloggers, del tipo que sea: porque se corre el riesgo de que suceda algo parecido a esto (pinchando en la imagen se ve más grande):

 

bloggers-astor

 

 

La imagen es una captura de una de las carpetas de mi lector de feeds. Las entradas contorneadas corresponden a 4 posts de 4 bloggers promocionando el mismo producto, el mismo día, con pocos minutos de diferencia.

Hoy ha sido la marca de maquillaje “X”, otros días ha sido una crema, una cámara de fotos, una impresora, unos zapatos… no es la primera vez (ni siquiera la más “descarada”) que me encuentro con algo así, y seguro que no es la única. Ojo: entiendo perfectamente que las marcas utilicen la imagen de bloggers como prescriptores de sus productos: yo misma he descubierto con frecuencia productos y servicios que no conocía gracias a mis bloggers de cabecera, de muchos y diferentes sectores.

Mi duda surge al analizar el efecto que surte en el usuario-consumidor la percepción de que, lejos de los contenidos que le llevaron en su momento a seguir al/la blogger en cuestión, en realidad a lo que asiste día tras día en sus blogs favoritos es a una sucesión de publirreportajes patrocinados. En algunos casos, manteniendo la esencia del blog; en otros, sin un criterio demasiado definido sobre lo que encaja o no en la temática seguida desde sus inicios.

La cuestión es controvertida: por un lado, es innegable el tirón que estos auténticos influencers tienen entre el público objetivo de muchas de estas marcas, lo que convierte la visibilidad que proporcionan (y las visitas y conversiones procedentes de estas fuentes de tráfico, por supuesto) en una porción muy jugosa del pastel publicitario, que pocas marcas están dispuestas a desperdiciar.

Por otro lado, hay bloggers para quienes su espacio se ha convertido en su medio de vida, por lo que es lógico que sus posts estén plagados de colaboraciones, promociones, patrocinios, o sencillamente regalos, sin más, cuyo carácter “publicitario” está expresado de forma más o menos transparente, ya que la normativa al respecto es bastante confusa, aunque en cualquier caso cabría aplicar la Ley de Competencia Desleal, vigente desde enero de 2010, cuyo artículo 7 dice literalmente: “Se considera desleal la omisión u ocultación de la información necesaria para que el destinatario adopte o pueda adoptar una decisión relativa a su comportamiento económico con el debido conocimiento de causa. Es también desleal si la información que se ofrece es poco clara, ininteligible, ambigua, no se ofrece en el momento adecuado, o no se da a conocer el propósito comercial de esa práctica, cuando no resulte evidente por el contexto.”

¿Qué se entiende por “evidente por el contexto”? ¿Mencionar a la marca? ¿Utilizar expresiones como “he recibido” en lugar de “he comprado”? Esta última triquiñuela podríamos contarla por decenas si analizamos una muestra representativa de posts escritos en los últimos seis meses…

En definitiva: tan lícito es que una marca utilice la imagen de bloggers con toneladas de seguidores para amplificar el alcance y visibilidad de sus productos o servicios como que dichos bloggers gocen de un nivel de vida envidiable gracias a dichas marcas. Lo que ya no es tan lícito es encubrir por sistema dichas colaboraciones. Y lo que ya afecta directamente a la imagen de la marca es,  en mi opinión, la saturación que provoca leer 20 “sinceras opiniones” seguidas alabando las virtudes de un producto, en muchos casos utilizando incluso las mismas palabras. Acción con bloggers sí, pero trabajada, por favor.

Para ampliar información sobre blogs y publicidad encubierta, dos fantásticos posts en los que Luis Cazorla y Francisco Pérez Bes explican todos estos entresijos normativos de una forma muy clarita y amena.

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