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¿De qué hablamos cuando hablamos de engagement?

Me paso el día trabajando con términos como estrategia, objetivos, comunidad o engagement. 

Me paso el día planeando y maquinando el modo de conseguir que nuestros clientes consigan establecer una relación de confianza con sus seguidores en plataformas sociales. Analizando qué tipos de contenidos funcionan mejor en base a los target que tenemos definidos como estratégicos. Ideando acciones que muevan a nuestros usuarios a traspasar la crucial línea que separa al simple seguidor del prescriptor de  marca.

Y resulta que, en muchas ocasiones, un simple (y humano) gesto, un interés sincero y real por el bienestar de nuestros usuarios (ya sean clientes, o clientes potenciales) consigue lo que ni cien mil estrategias perfectamente estudiadas: fidelidad y amor eterno <3

Todo esto viene a cuento de algo que me ha pasado hoy, y que me ha sorprendido lo suficiente como para que me haya animado a compartirlo con vosotros en mi abandonadísimo blog.

Mis compritas ^_^

Mis compritas ^_^

Soy una gran compradora por Internet. Odio las colas, las tiendas desordenadas, las camisetas con el cerco de maquillaje de la que se la ha probado (sin mucho cuidado) antes que tú y que justo el vestido que te ha encantado esté en todas las tallas menos en la tuya.

Las tiendas online, por tanto, me parecen el invento del siglo, salvo por un pequeño detalle: excepto el imperio Inditex, y poco más, la única opción de entrega que ofrece este tipo de sitios se limita a un sistema de envío a domicilio con alguna de las muchas empresas que se dedican a ello. Cuando una pasa fuera de su casa la mayor parte del día, y por supuesto las mañanas, cuadrar un horario de entrega puede llegar a convertirse en una auténtica odisea.

Esta mañana se inició la que yo creía que iba a ser una de tantas molestas experiencias de recogida de paquetes cuando recibí un mail indicándome que el repartidor de la empresa de mensajería había estado en mi domicilio y, al no haber nadie para recoger el paquete, lo había devuelto a central. Tras un par de llamadas y negociaciones, acuerdo con la empresa ir yo personalmente a sus instalaciones en busca de mi envío. Instalaciones que, por cierto, están a varios kilómetros de Sevilla en un polígono industrial.

Pues bien, cuál no ha sido mi sorpresa cuando, algunas horas después, regresa el repartidor con MI pedido y me dice que en central le habían comunicado que la receptora iría a recogerlo, pero que me lo traía porque: “para qué vas a tener que ir tú hasta el polígono La Isla con el calor que hace, si no nos cuesta nada traértelo de nuevo”.

Sobra decir que, a partir de ahora, no voy a volver a utilizar otra empresa de transporte en mi vida. La empresa, por cierto, ha sido SEUR. 😉

 

1Comentario
  • Manuel Cano

    21 julio, 2013 at 8:33 PM Responder

    De acuerdo en tu simpática definición de engagement. A veces las compañías se olvidan de que tratan con personas y son los pequeños gestos, los que pueden marcar las diferencias.

    Me alegro de que tengas tu pedido tras ese “amago” de odisea.

    Besos. Manu

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